REGLA 1: ENDEREZATE Y MANTÉN LOS HOMBROS HACIA ATRÁS

«Lo que nos mete en problemas no es lo que no sabemos, sino lo que creemos que sabemos,pero no sabemos». Mark Twain

Así que presta atención a tu postura. Deja de arquearte, enderézate. Di lo
que piensas. Deja claro lo que quieres, como si tuvieras derecho a conseguirlo (al menos el mismo que los demás). Anda con la cabeza bien alta y mira al frente con franqueza. Atrévete a ser un peligro. Haz que la serotonina fluya a raudales a través de las vías neuronales que arden a la espera de su efecto tranquilizante.

La parte prehistórica de tu cerebro especializada en evaluar la dominación
presta atención a cómo te tratan las otras personas. A partir de esos indicios, emite una estimación de tu valor y te asigna un estatus.

El cuerpo, con sus diversos organismos, tiene que funcionar como una orquesta bien entrenada. Cada sistema tiene que desempeñar su papel de forma correcta y exactamente cuando le corresponde, de lo contrario se produce el caos. Por eso las rutinas resultan tan necesarias. Las acciones que repetimos cotidianamente tienen que estar automatizadas, tienen que convertirse en hábitos sólidos y estables, de tal forma que pierdan su complejidad y resulten simples y predecibles.

Los sistemas que median las emociones negativas están estrechamente relacionados con los ritmos circadianos, que son rigurosamente cíclicos.

Puede que seas un perdedor nato, o puede que no, pero, si lo eres, no tienes
que seguir siéndolo. Quizá solo hayas desarrollado una mala costumbre. Quizá no seas más que un cúmulo de malas costumbres.

Si vas arrastrándote con las mismas pintas que caracterizan a una langosta derrotada, la gente te asignará un estatus inferior y ese antiguo dispositivo del fondo de tu cerebro que compartes con los crustáceos te atribuirá un número bajo de dominación. Y entonces tu cerebro producirá poca serotonina, lo que te hará menos feliz, más ansioso y triste, con más tendencia a bajar la cabeza cuando tendrías que levantarte y defenderte. También reducirá tus probabilidades de encontrar un buen lugar para
vivir, de tener acceso a los mejores recursos y de encontrar una pareja sana y atractiva.

Si te presentas como alguien derrotado, la gente se comportará contigo como con alguien que está perdiendo. Si comienzas a erguirte, la gente te mirará y te tratará de forma distinta.

Pero mantenerse erguido con los hombros hacia atrás no es algo exclusivamente físico, porque no solo eres un cuerpo. También eres un espíritu, una psique. Erguirse físicamente también implica, invoca y supone erguirse metafísicamente. Erguirse significa aceptar voluntariamente la carga del Ser. Tu sistema nervioso responde de una forma totalmente distinta cuando afrontas las dificultades vitales de forma voluntaria porque, en vez de prepararte para una catástrofe, lo que haces es asumir un desafío.

Mantenerse erguido con los hombros hacia atrás es aceptar con los ojos
bien abiertos la terrible responsabilidad que supone vivir. Significa que decides voluntariamente transformar el caos de lo potencial en las realidades de un orden habitable.

Así que presta atención a tu postura. Deja de arquearte, enderézate. Di lo
que piensas. Deja claro lo que quieres, como si tuvieras derecho a conseguirlo (al menos el mismo que los demás). Anda con la cabeza bien alta y mira al frente con franqueza. Atrévete a ser un peligro. Haz que la serotonina fluya a raudales a través de las vías neuronales que arden a la espera de su efecto tranquilizante.

REGLA 2: TRÁTATE A TI MISMO COMO SI FUERAS ALGUIEN QUE DEPENDE DE TI

El conocimiento del qué te ayuda a saber el cómo.

Habitamos eternamente el orden, que está rodeado por el caos. Eternamente ocupamos territorio conocido, rodeado por lo desconocido. Cuando conseguimos conciliar ambas cosas de forma adecuada, sentimos que nuestra implicación tiene un valor. Estamos adaptados, en el sentido más profundamente darwinista, no al mundo de los objetos, sino a las metarrealidades del orden y el caos, el yang y el yin. El caos y el orden dan forma al eterno y trascendente entorno de la vida.

Abarcar esa dualidad fundamental significa estar en equilibrio, teniendo un
pie plantado firmemente en el orden y la seguridad y el otro en el caos, la
posibilidad, el crecimiento y la aventura.

Tienes que tener un pie plantado en lo que ya dominas y entiendes, y el otro en lo que estás descubriendo y aprendiendo a dominar ahora mismo.

Nos merecemos cierto respeto. Te mereces cierto respeto. Eres importante
para otras personas y también para ti. Tienes un papel esencial que desempeñar en el destino del mundo. Por eso tienes la obligación de cuidarte.

Tienes que saber quién eres para entender las armas con las que
cuentas y saber cómo compensar tus limitaciones. Tienes que saber adónde vas, para poder limitar el poder del caos en tu vida, reestructurar el orden y servirte de la fuerza divina de la esperanza para soportar el mundo.

Tienes que disciplinarte cuidadosamente. Tienes que mantener
las promesas que te haces y recompensarte de tal forma que puedas confiar en ti y motivarte. Tienes que decidir cómo comportarte contigo para que sea posible que te conviertas en una buena persona y que lo sigas siendo.

«Quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo» Nietzche.

REGLA 3: TRABA AMISTAD CON AQUELLAS PERSONAS QUE QUIERAN LO MEJOR PARA TI.

Es algo bueno, no egoísta, elegir a gente que es buena para ti. Es adecuado y digno de elogio relacionarse con personas cuyas vidas mejorarían si vieran que la tuya está mejorando.

Si te rodeas de personas que apoyan tus aspiraciones, estas no tolerarán ni
tu cinismo ni tus tendencias destructivas. Al contrario, te respaldarán cuando hagas bien —a ti y a los demás— y te castigarán con delicadeza cuando no sea el caso. Una actitud así reforzará tu resolución de hacer lo que tienes que hacer de la forma más apropiada y sensible.

Por eso mismo cualquier buen ejemplo es un desafío trascendental, y todo
héroe, un juez. El David, la gran escultura de Miguel Ángel, interpela a quien lo observa desde su perfección: «Podrías ser más de lo que eres».

No pienses que es más fácil rodearte de personas buenas y sanas que de
personas malas y malsanas. No lo es. Una persona buena y sana es un ideal.
Hace falta fuerza y valentía para estar al lado de ella. Pero ten algo de humildad. Ten coraje. Utiliza la cabeza y protégete de una compasión y una lástima demasiado acríticas.

Traba amistad con aquellas personas que quieran lo mejor para ti.

REGLA 4: NO TE COMPARES CON OTRO, COMPARATE CON QUIEN ERAS TU ANTES

Si la voz interior cuestiona el valor de tus esfuerzos —o de tu vida o de la propia vida—, quizá tendrías que dejar de escucharla.

Pero, si ganas en todo, lo más probable es que no estés haciendo nada nuevo o difícil.

Quizá sobrevaloras lo que no tienes y desprecias lo que sí. La gratitud tiene cierta utilidad real, supone una buena forma de protección contra los peligros del victimismo y el resentimiento.

En lugar de esto, atrévete a ser peligroso. Atrévete a ser auténtico. Atrévete
a manifestar y a expresar (o, por lo menos, a ser consciente de) lo que realmente justificaría tu vida.

Vivimos dentro de un contexto que define el presente como eternamente incompleto y el futuro como eternamente mejor.

El presente siempre tiene fallos, pero puede que no sea tan importante dónde empiezas como la dirección a la que te diriges. Quizá la felicidad se encuentra en el viaje de subida y no en el efímero sentimiento de satisfacción que aguarda en la próxima cumbre. Una gran parte de la felicidad está compuesta de esperanza, por muy profundo que fuera el
submundo en el que dicha esperanza se fraguó.

Solo puedes descubrir lo que crees de verdad (y no lo que piensas que crees) observando tus acciones; hasta entonces, sencillamente no lo sabrás.

Pide y recibirás. Llama y se abrirá la puerta. Si pides queriéndolo y llamas
con la intención de entrar, puede que se te ofrezca la oportunidad de mejorar tu vida —un poco, mucho o de forma total—, y de ese modo se habrá producido cierto progreso en el propio Ser.

No te compares con otro, compárate con quien eras tú antes.

REGLA 5: NO PERMITAS QUE TUS HIJOS HAGAN COSAS QUE DETESTES

Así, ha aumentado la sensibilidad de los padres por el sufrimiento
emocional a corto plazo de sus hijos y, al mismo tiempo, se han disparado los miedos de causarles cualquier daño de una forma que resulta lamentable y contraproducente. Puede que pienses que es mejor así que de la forma contraria, pero lo cierto es que cada uno de los extremos de la escala moral lleva aparejadas sus catástrofes.

El proceso vital de socialización previene en realidad numerosos daños y propicia muchas cosas positivas. Hay que moldear y educar a los niños o de lo contrario no saldrán adelante.

A los niños se les hace daño cuando sus condescendientes padres renuncian a convertirlos en personas atentas, respetuosas y espabiladas para dejarlos en un estado de inconsciencia e indiferencia. A los niños se los daña cuando quienes tendrían que cuidar de ellos, por temor a cualquier conflicto o discordia, ya no se atreven a corregirlos y los dejan sin orientación alguna. Puedo reconocer a este tipo de niños por la calle, informes, descentrados, difusos.

Disciplinar a un niño es un acto de responsabilidad, no es ninguna manifestación de ira frente a un comportamiento inadecuado. No es una
venganza por una fechoría, sino, por el contrario, una combinación cuidadosa de compasión y raciocinio a largo plazo.

La violencia es la opción por defecto, porque resulta fácil. Lo difícil es la paz, que se aprende, se inculca, se gana. A menudo las personas comprenden las cuestiones fisiológicas justo al revés.

Si puedo hacerte daño y demostrar que soy más fuerte, entonces podré
hacer exactamente lo que quiera y cuando quiera, incluso cuando estás delante de mí. Te puedo atormentar por pura curiosidad. Puedo acaparar la atención que se te dirige y dominarte.

Corregir también hace que el niño aprenda que golpear a los demás no es la mejor estrategia social. Si no se produce ninguna intervención de ese tipo, ningún niño asumirá por voluntad propia todos los esfuerzos que supone organizar y regular sus impulsos para que dichos impulsos coexistan sin conflicto dentro de la psique del niño y en el mundo social más amplio. Y es que organizar una mente no es tarea fácil.